EL DESPERTAR DE LA SEÑORITA PRIM
Esta es una obra que, a través de su historia y dentro de su ficción, transmite muchas ideas que invitan a la reflexión y que uno puede hacer suyas con facilidad. Es un relato espejo de muchos valores que tal vez estén volviendo a emerger en la sociedad actual.
La historia se refugia de la gran ciudad en un pequeño pueblo, huyendo del mundo contemporáneo para apostar por unos principios clásicos. Estos pilares, a lo largo de la novela, se ven aplicados en los ámbitos fundamentales que definen una sociedad y giran en torno a dos personajes que encarnan, respectivamente, un estilo rural y otro urbano.
Son principios que se desarrollan en el encuentro entre dos formas de entender la vida, que se amoldan a través del diálogo y evolucionan con el paso de las páginas. A través de una relación que se construye, se observa cómo los personajes crecen; se descubren sentimientos que, al levantar la mirada, despiertan una paradójica nostalgia que no nace del recuerdo, sino del deseo: algo que, sin haber sido, se sueña como si hubiera sido.
En este sentido, parece que la autora idealiza el pueblo como el único sitio donde saciar el anhelo, escapar del ruido y de ese ritmo que desgasta, para poder mirar y conocer a alguien con calma. Pero ¿hace falta huir a un pueblo para poder cultivar el mundo interior o desarrollar una confianza grande con otra persona? En medio de la agitación contemporánea, ¿puede el silencio superar la riqueza del diálogo entre dos personas? Ese momento en que, tras haber compartido tanto, cualquier interrogante parece innecesario porque, de algún modo, ya está todo dicho, comprendido en un silencio que solo quiere querer.
Tal vez lo que este libro insinúa, con más preguntas que respuestas, es que no basta con huir del ruido ni con soñar con otra vida. Quizá nos invita a salir de la inmediatez y del activismo para luchar por una realidad que puede existir, construyendo desde los cimientos en busca de la intimidad, la confianza —no solo de hablar, sino de sentir—, la complicidad, la inquietud de seguir creciendo y, sobre todo, la perseverancia.
Es un reto con el que la autora provoca al lector ofreciéndole, desde la ficción, un ideal alcanzable: renunciar a encontrar en lo fácil e inmediato los frutos que solo dan el esfuerzo y la dedicación. ¿Y si lo que anhelamos no es empezar de nuevo sino recuperar lo esencial? Quizá lo verdaderamente subversivo no sea romper con todo, sino descubrir que, en el fondo, lo único que no cambia es querer querer.

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